2 de mayo de 2011

La Cara Oscura del Carbón

El niño estaba confuso. Era día de escuela pero estaba en casa. Sus abuelos también estaban allí, y muchos familiares y amigos llegaban continuamente. Su madre lloraba abrazada a su abuela. Su abuelo tenía la mirada perdida en el infinito, los ojos enrojecidos y brillantes. No era día de fiesta pero la casa estaba llena de flores muy bonitas y de unos extraños círculos hechos también con flores, con algo escrito en una cinta blanca, aunque no sabía leer. Pero sí sabía que faltaba alguien.
   -Mamá, ¿dónde está papá?
Su madre lo miró con los ojos llenos de lágrimas, y volvió a llorar desconsolada en el hombro de su abuela.
   -A papá no le gusta que llores, mamá. Por eso siempre te dice cosas graciosas y te hace reír. Ya verás como cuando venga de trabajar te anima.
Todo el mundo sonríe ante la inocencia del niño, pero saben que es inútil contarle la verdad, que su padre no hará reír a su madre nunca más.